El dolor. El dolor intenso. El dolor inaguantable. Ese dolor. Tu dolor. El dolor que causaste. Ese dolor que en su momento pensé que no se iría, que ahí se quedaría.
En los momentos más dolorosos, los más horribles, cuando crees que ya no queda nada más todo se acentúa, todo empeora ante tus ojos, y la única solución es sufrir, porque no hay más solución.
Pero a veces el tiempo es nuestro aliado, nos ayuda, aunque no lo creamos. Cuando menos te lo espera, todo vuelve a tener un color agradable de nuevo. Es fácil. O a veces no tan fácil. Consiste en esperar. En hacer que la herida cierre, cierre hasta que puedas moverte y soportes ese dolor, aunque aun no haya desaparecido. Pero ya es menor, ya puedes vivir con él, soportarle hasta que, poco a poco acabe desapareciendo. Paciencia, esa es la clave paciencia.
Y en los mejores casos siempre existe la distancia. La distacia hace el olvido. Y a veces es una gran ventaja. Olvídarte de tu antes y preocuparte en tu ahora. No hay más.
Lo que ha sido ha sido, y nunca, nunca, volverá a ser como antes.
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