Sonríeme, que ya vendran tiempos mejores.

No quiero morirme sin haber estado contigo en 17 cuidades distintas, ademas quiero conducir desnuda, entrar de incognita en una secta, y estando borracha, tatuarme nuestros nombres en el culo. Quiero hablar mas de 5 idiomas y de momento no me manejo ni con el español. quiero tener cinco hijos y que tú seas el padre.

miércoles, 6 de enero de 2010


Siempre creí que lo mejor de viajar a otros sitios es la noche y la posibilidad de ver las ciudades desde afuera. Todas son igualemente hermosas. Luces de gente a la espera del día para ser, porque el tiempo y las horas llevan todo eso que uno va nombrando como puede. Quiero irme con vos a ninguna parte, ver tu pelo atardecer a mi lado. Sonreirte y jugar a que podemos saltear la parte en que te separas por cuestiones de espacio. Lo cierto es que nuestro amor nunca fué merecedor de alguna ciudad, porque yo podría decirte que viajemos a París, pero ya sería perder la simpleza, pensé en hablarte de Barcelona, pero allí seríamos como la repetición de un amor de cualquier època. Entonces me viene tu voz, ya tan lejos de la mía. Me tranquilizaba tanto escucharte cantar en las mañanas. Contarte algún sueño matutino que poco a poco se me iba a ir olvidando entre la taza y el café y las medialunas y el diario y el sol tocandote la cara. Esos ojos entre abiertos mientras comías y tarareabas " Sueña un sueño despacito entre mis manos hasta que por la ventana suba el sol, muchacha piel de crayon no corrás más, tu tiempo es hoy..". Tus pelos, siempre recordaré tus pelos desalineados, tus manos flacas hablando, gesticulando, haciendo de vos todo eso que a mi me ha resultado siempre tan particular. Luego juramos convertir nuestras ideas en castillos fijos en la mente. Me enseñaste a querer al cielo de la misma manera que la tierra, entender que sus dualidades son tan necesarias. La ilusión, alma de nuestras vidas. Y ahora que ya no estás, que sos ese recuerdo partido en esta ciudad de la cual nisiquiera nos hemos podido adueñar, que miro siempre que viajo las luces desde afuera, y pienso que talvez dentro de todo eso me pienses. Entonces tendré que taparme con la almohada y cerrar los ojos para pensar. Hasta que llegue el día en que encuentre el puente que nos une, que de seguro debe ser uno de esos qeu tiene farolitos viejos y lindos, con la calle de piedra y un río haciendo ruido. Y el día que lo encuentre empezaré a buscarte por todas las ciudades, y te reconoceré porque serás, desde afuera, la ciudad más iluminada.

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